La catedral celebra 785 años de culto

El primero de diciembre el obispo presidirá la celebración del aniversario 

El miércoles primero de diciembre, a las 12 de la mañana, el obispo de la diócesis don Luis Quinteiro Fiuza presidirá, acompañado por el Cabildo, el clero diocesano y una nutrida representación de laicos, la solemne celebración que conmemora la apertura al culto de la catedral tudense hace 785 años. En la antigüedad, desde 1071, los obispos de Tui utilizaron como sede catedralicia el templo monacal de san Bartolomé de Rebordanes, pero en tiempos del obispo Pelayo Meléndez (1130-1156) ante la necesidad de un local más amplio, debido al considerable aumento de población, se llevó a cabo la construcción de la nueva iglesia catedral en honor de Santa María en el lugar que ocupa hoy el monumento más característico de Tui.

  Las obras se vieron interrumpidas por largos periodos a causa de las guerras con Portugal. Pero el obispo Esteban Egea pudo rematar la construcción y celebrar la solemne consagración del templo catedralicio el 30 de noviembre de 1225, fiesta de San Andrés. El mismo obispo mandó perpetuar la celebración anual de la Dedicación el día primero de diciembre, ya que no era procedente hacer la conmemoración el día reservado al apóstol que murió clavado en la cruz en forma de aspa. Sin embargo, dos siglos después de la inauguración, entre 1410 y 1469, por iniciativa del obispo don Juan Fernández de Sotomayor se levantó la torre del homenaje dedicada a San Andrés, cuya imagen aparece en la pared exterior debajo de la esfera del reloj, como memorial de la fecha de la Dedicación del templo catedralicio.

  La palabra catedral hace referencia a la iglesia principal de una diócesis, en la que se encuentra el púlpito del obispo, es decir, el trono, símbolo de su autoridad. El uso del término catedral para denominar la iglesia-residencia del obispo aparece recogido desde el siglo VIII, pero no se impuso de forma decisiva hasta los siglos XII y XIII, al tiempo que se realizó la construcción de las catedrales más bellas y majestuosas en todas las ciudades importantes de Europa.

  En los siglos indicados, la construcción de las catedrales aparece como un fenómeno estrictamente relacionado con los grandes cambios ocurridos en toda la Europa occidental. Durante este periodo, se asistió a una auténtica explosión demográfica, al desarrollo de los intercambios comerciales y a una difusión creciente de la cultura. Los historiadores sitúan la causa de estos grandes cambios en el renacimiento de la ciudad y en la dominación cada vez más fuerte de los centros urbanos, abiertos al comercio, mientras que la economía feudal del campo se encierra en sí misma sin expandirse al exterior.

  La construcción de las catedrales se sitúa en este contexto, pues era el símbolo característico del mundo ciudadano y, al mismo tiempo, sobrepasaba los límites del centro urbano, ya que el obispo residía en la ciudad pero dirigía una diócesis que se extendía también a las numerosas poblaciones rurales. Las catedrales, como en épocas precedentes los monasterios, tuvieron también una importante influencia cultural, pues gracias a la presencia de las escuelas episcopales se convirtieron en centros de civilización para todos los habitantes de la ciudad.

  Magnífica o modesta, “el misterio de las catedrales” hay que buscarlo en dos elementos fundamentales que concentran la vida espiritual y cultural de la Iglesia particular o diocesana: el altar y la cátedra. El altar de la catedral es el mayor de toda la diócesis y la fuente principal de toda gracia sobrenatural. Nunca el pueblo de Dios es más Iglesia ni el Obispo más obispo que cuando celebra la Eucaristía en el altar de su catedral, rodeado por su presbiterio y por sus diocesanos. Así pues, la cátedra fue la que dio nombre a la catedral y  significa para el obispo su poder de gobernar y de predicar con autoridad magisterial.

  También las catedrales son consideradas como lo más sublime del patrimonio monumental, si bien la ostentosidad y excelencia de la obra obedece a criterios peculiares del arte sacro, cuyo vigor permanente recuerda el concilio Vaticano II: precisamente porque la iglesia o la catedral es la “casa de Dios” y el “centro espiritual de la comunidad”, debe ser hermosa y apropiada para la oración y para las celebraciones sagradas (cfr. Decreto Presbiterorum ordinis, 5). Por lo demás, la catedral tudense, debido a su emplazamiento paisajístico, posee una esplendidez extraordinaria que la hace particularmente atrayente y sugestiva.

 Avelino Bouzón

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2 Responses to La catedral celebra 785 años de culto

  1. PANCHITO dice:

    D. Avelino lo felicito por su blog y por este post que ha colgado sobre nuestra catedral. Por favor, no deje el blog. Es un bien para usted y para sus lectores.

    UN ABRAZO

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