VIVIMOS SIN TENER SALARIO



Carta del obispo Rosendo Salvado a su hermano Santos

(La Integridad, 20 julio 1889, 2/d)

 

Santos Salvado envía al periódico “La Integridad” una carta recibida de su hermano Rosendo, sobre el título de “Adrana en el Asia Menor” y el sueldo que recibe por ser obispo de Puerto-Victoria y ahora de “Adrana”. Concluye así la misiva: “Vivimos sin tener salario”, esto los protestantes no lo entienden.SANTOSREVERSO DE FOTO

Esta es de las pocas cartas, que conocemos, que el monje benedictino Rosendo Salvado dirigió a su hermano Santos, también benedictino y mayor que Rosendo.

 

Reproducimos aquí los amplios e interesantes fragmentos de la mencionada carta que el diario tudense “La Integridad” difundió el 20 de julio de 1889, a los pocos meses del nombramiento de Lucas Josef Rosendo Salvado Rotea como obispo titular de Adrana [Aduani, Adriani, Adirnas]. El 15 de agosto de 1849 había recibido la ordenación episcopal para la sede de Puerto-Victoria de la que no llegó a posesionarse nunca.

 

“Ya me llegó aquello, y aquello no es lo que dijeron los periódicos. Mi nuevo título es el de Obispo de Adrana en el Asia Menor. Así consta en la bula que recibí anteayer (el 2 de Junio pasado) con la fecha del 29 de Marzo de 1889, como también en la carta del Emmo. Cardenal Simeoni del 16 de abril de 1889, en que me remite la dicha bula”.

 

Más abajo dice la carta:

“En cuanto a la diferencia de la renta o emolumentos que yo percibía siendo Obispo de Puerto-Victoria, y los que recibiré ahora, siendo Obispo de Adrana, nada tengo que decirte de nuevo, puesto que no hay diferencia ninguna, esto es: ni un maravedí recibí antes, ni un maravedí recibo ni recibiré ahora. Y esto quiere decir que ni he trabajado ni trabajo como mercenario, bien entendido hablando de tejas abajo.

A este propósito, te diré que hallándose aquí, en cierta ocasión el Sr. Gobernador con su Lady (Señora), ésta me preguntó cuál o cuánto era mi salario anual por mi trabajo en esta misión.

– No sé, replicó ella, cómo calcularlo, ya que su caso es del todo excepcional.

– No importa, le dije (yo sabía que ella era hija de un se-dicente Obispo protestante), conjeture V. y veremos si V. acierta.

– Yo sé, dijo ella, que los católicos no son ricos y que no le podrán dar a V. mucho, sin embargo, en atención al trabajo y a las privaciones que V. tiene que pasar, supongo que no le darán menos de cinco mil libras esterlinas al año (veinticinco mil duros).

– ¿Le parece a V., dije yo, que la tal suma anual es recompensa proporcionada en mi caso?

– No, respondió ella, pero los católicos son pobres y no le podrán dar más.

– Pues bien, ahora le diré a V. que mi salario no es el de cinco mil libras al año; ni el de cinco mil schilines; ni el de cinco mil penes; ni el de cinco mil farcins; ni el de uno al año. No tengo salario ninguno, ni yo ni ninguno de los misioneros que trabajan conmigo.

– Imposible, dijo ella; ¿Pues cómo Vds. podrán vivir sin tener salario?

– Pues vivimos sin tener salario; vivimos del fruto del sudor de nuestra frente. Y el pan que V. come, y la carne que V. come, y las frutas que V. come, y el vino que V. bebe desde que llegó V. aquí, es todo fruto de los sudores de nuestra frente y de la bendición del cielo.

La pobre señora se quedó mirándome a la cara como si lo que oía de mí lo oyese en sueño y no fuese una realidad;

– Me sorprende V., me dijo por último, pues yo estaba en la persuasión de que todos Vds., y V., particularmente, recibían un salario para con él poder mantenerse, vestirse y atender a todas las necesidades de la vida.

Y dicho esto, concluyó la conversación por haber llegado a la sala el Sr. Gobernador. Esto de trabajar sin ser pagado no entra en la mente de los protestantes y por eso no lo entienden. Están acostumbrados a dar buenos sueldos a sus ministros y más si son casados, y más aún si tienen mucha familia, y de ahí es que no entienden cómo los misioneros católicos pueden hacer lo que hacen sin tener salario.

Pero basta ya del Obispado de Adrana y de las riquezas que le producen a su Obispo […]”.

+ Rosendo, Obispo de Adrana.

Abad de N. Norcia.

Integridad-mej

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2 Responses to VIVIMOS SIN TENER SALARIO

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