MES DE DIFUNTOS

COMUNIÓN DE LOS SANTOS

Isabel Javier Terrón

Empiezo esta colaboración en la Hoja Parroquial con un recuerdo al beato Juan Pablo II, al que la Iglesia honra de una manera especial el día 22 de octubre, fecha de su elección como Papa. Este obispo de Roma dejó en el mundo entero una huella imborrable de la que hemos sido unos testigos muy privilegiados. Ahora que la Iglesia ha reconocido lo heroico de su vida, tenemos mucha más facilidad para acudir a él sin tener que guardar ningún protocolo, simplemente con la oración.

Este recuerdo se hace más intenso cuando se celebra el AÑO DE LA FE, en el que también se conmemoran los veinte años de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica que, por expreso deseo de Juan Pablo II, se redactó “con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe”. Esa era su intención, y nuestro deber será de intentar  buscar esa fuerza y belleza.

En el mes de noviembre se imponen, de una manera especial, dos verdades del Credo que llevamos muchas veces a nuestra vida sin darnos cuenta de ello: Creo en la comunión de los santos […] y en la vida eterna. Uno de los deseos del papa Benedicto XVI, al proclamar el Año de la Fe, es que la reafirmemos repasando el Catecismo. Vamos, pues, a procurar hacerlo con la ilusión de querer ser buenos hijos.

En el número 962 del citado Catecismo de la Iglesia Católica se dice “Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones”.

Esta es una de las verdades que más ponemos en práctica. Al creer que los santos nos oyen, acudimos a ellos en nuestras necesidades, y nos da mucha confianza en nuestra vida pensar que está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y la intercesión de sus santos. Las procesiones y las romerías son una manifestación de esta realidad.

Esta comunión nos une con aquellos fieles que están purificándose después de morir, a los que hemos estado unidos muchas veces por lazos de sangre, y a todos los demás, ayudándoles con nuestras oraciones, especialmente con la Santa Misa, con el trabajo ofrecido a Dios, con las limosnas, etc. La oración por los difuntos es una tradición en la Iglesia que, aunque en todo el año se vive, se nota de una manera especial en el mes de noviembre, llamado también de difuntos. Está claro que si les ayudamos a purificarse es porque creemos que después de esta vida les espera una VIDA ETERNA.

En la última Hoja recordábamos que el Papa nos ponía como modelo de fe a la Virgen. Ella es la Madre de todos los que formamos la Comunión de los Santos, y a todas las madres les alegra que sus hijos se quieran. Cuando rezamos por los difuntos el Rosario -la oración más pedida por la Virgen- le demostramos que nuestra fe la estamos haciendo vida. Tengo la ilusión de que cuando recemos el Credo, al decir CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS, pongamos todo el corazón en esas palabras.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: