AÑO DE LA FE

(11 octubre 2012 – 24 noviembre 2013)

Inscripciones de Diego

de Torquemada

 El obispo Torquemada

D. Diego de Torquemada fue obispo de Tui entre 1564 y1582. Nació en Bujalance (Córdoba), de familia noble. Nada tiene que ver con Tomás de Torquemada, fraile dominico nacido en Valladolid que fue el primer inquisidor general del Tribunal del Santo Oficio en el siglo XV. D. Diego estudió en la universidad de Alcalá de Henares, y en 1558 era magistral de la catedral de Zamora; también fue nombrado comisario de la Santa Inquisición y Cruzada. En 1564 el rey Felipe II lo propuso para obispo de Tui.

En 1568 publicó los decretos del concilio de Trento en la diócesis, lo que supuso la puesta en marcha de los llamados libros sacramentales en los que se inscriben los bautizados, casados y difuntos de cada parroquia.

Como gran devoto de San Telmo, mandó construir la llamada capilla de las reliquias en la catedral, trasladando allí los restos del santo el 27 de abril de 1579. En la pared sur de dicha capilla, erigió un monumento funerario con su estatua orante de granito policromado. Además, aseguró el cimborrio apuntalando los pilares con tirantes o falsos arcos; abrió nuevas puertas en el claustro y reformó el palacio, dejando en ambas reformas su escudo de armas.

También reedificó el hospital de pobres y peregrinos, donde hoy se encuentra el Museo Diocesano. El 15 de enero 1569 hizo públicas unas constituciones en las que establecía las normas que debían regir el mencionado hospital y el de San Xián de los Lázaros, ubicado en el arrabal del Rollo. En el lugar de Pazos de Reyes mandó edificar la capilla de San Miguel, que muestra sus armas.

 

Apertura del Año de la fe

El papa Benedicto XVI, con la carta apostólica “Porta fidei” publicada el 11 de octubre de 2011, convocó para toda la Iglesia el Año de la fe o del Credo que comienza el 11 de octubre de 2012 y concluirá el 24 de noviembre de 2013. El Pontífice explica en la carta que el motivo de la convocatoria del “Año de la fe” es la conmemoración del quincuagésimo aniversario del comienzo del concilio Vaticano y el cumplimiento de 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

En la diócesis de Tui-Vigo, el 12 de octubre próximo, fiesta de Nuestra Señora la Virgen del Pilar, a las 6 de la tarde se inaugura la apertura del Jubileo de la fe con la Misa solemne que preside el obispo en la catedral de Tui, a la que están invitados todos los fieles diocesanos: clero, religiosos y laicos.

Hay la llamada “Fe del carbonero”, es la fe rutinaria y superficial. Y hay la fe ilustrada, la que hace exclamar al gran San Ambrosio: “Me agarro a la Iglesia como el árbol a la tierra”. La fe de los hijos de Dios equivale a un faro luminoso que nos descubre realidades que la razón no alcanza, por eso alguien afirma que “no hay pobreza mayor que la que provoca la falta de fe”.

 

Lemas del obispo Torquemada

Para emprender con decisión este Jubileo de la Fe, comento dos frases o lemas que el obispo Diego de Torquemada dejó grabados en sendas construcciones que llevó a cabo durante su pontificado.

La primera aparece inscrita en la filacteria de su escudo de armas tallado en granito, que coronaba la puerta principal del Hospital de Pobres y Peregrinos hasta que el obispo Juan Manuel Rodríguez Castañón lo rehizo totalmente en 1756. Ahora dicho escudo está en el patio interior, segunda planta, incrustado en la pared del poniente. Reza así: FIDES ATQUE AMOR (fe y amor).

El segundo lema se halla en el dintel de la puerta del claustro de la catedral que da acceso al palacio y a la huerta. Dice: FIDES ET AMOR PROPUGNACULA MILLE 1569. La traducción es: la fe y el amor son [equivalen a] mil fortalezas o castillos.

 

El archivero de la catedral de Oviedo, mi buen amigo D. Agustín Hevia Ballina, erudito filólogo de lenguas clásicas, me remitió la siguiente explicación.

San Juan Crisóstomo dice: “FIDES est religionis sanctissimae fundamentum; charitatis vinculum, Amoris subsidium”. “Subsidium” también puede contarse entre los sinónimos de “propugnaculum”. San Agustín dice:”Amor Dei, amor proximi charitas dicitur”. Pueden darnos pautas para la vinculación “fe-caridad”.  La fe sin obras es fe muerta. La fe con obras, la fe con caridad salva.

Respecto a la palabra “Propugnaculum” es fortaleza, torre o alcázar de defensa. La fe y la caridad son” torres de defensa”, lo  que viene bien al obispo Diego de Torquemada, cuyas armas exhiben siete torres. Y seguramente no es sin interés el número de siete, que en la aritmología de la Biblia y de los Santos Padres, y en general en el aspecto simbólico, es número de perfección o de totalidad o plenitud.

Esta interpretación pasa al “mille”, que suele usarse para expresar número muy crecido. “Mille” puede ser número indefinido y hasta infinito. Por tanto, la fe y la caridad son como mil torres defensivas, es decir, una multitud ingente de torres, una cantidad indefinida, muchas, muchísimas; si queremos llevarlo por las vías de lo “infinito”,  expresaría que la fe y la caridad son un número indefinido de torres de defensa, de alcázares de protección, pero siempre en número muy crecido, crecidísimo, tendiendo a infinito.

 

Pienso que ha de hacerse la equiparación de las siete torres de las armas del obispo (número perfecto, pleno,de totalidad ) con el “propugnacula mille”, torres de defensa también en número equiparable a “infinitas torres”, de un efecto tan impactante el significado de la expresión numérica, que sirve para dar un efecto igualmente impactante a “la fe y a la caridad”, que van unidas y son los grandes medios o virtudes de defensa, que el cristiano tiene a su disposición para defenderse contra la asechanzas del mal, para atrincherarse en tantas defensas, que su número se hace incontable. Hasta podría traducirse: “La fe y la caridad son como incontables fortalezas o alcázares en que se defiende el cristiano”.

Eso es lo que se me ocurre. Hay que sacarle el mayor jugo posible al “mille” comparado con el “siete, el número de las torres”. La fe y la caridad multiplican esas torres defensivas hasta el “infinito”, por lo que el cristiano se encuentra en grado sumo protegido contra el pecado, contra el mal, contra las asechanzas del demonio, si guiado por la fe se refugia en la caridad, a cuya práctica invita y alecciona el hecho de que se convierten en fortaleza contra el enemigo y contra el pecado. Fe y caridad, fe con obras. Requisito para salvarse, para protegerse en esas mil –innumerables, infinitas- torres que le brindan las virtudes, para protección y defensa.

 

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