El VALOR DE LAS COSAS PEQUEÑAS

Isabel Javier Terrón

             Tengo que agradecer a la música el disfrutar de momentos muy bonitos en mi vida. Me sirve para alegrarme, para disfrutar de la belleza, para recordar, y también me valgo de ella para rezar: unas veces porque tengo la cabeza cansada, y otras porque hay canciones de amor muy bonitas, que se pueden aplicar al Amor con mayúscula.

En ocasiones, las letras me hacen pensar. Esto lo digo porque, cuando oí la canción que José Luis Perales le dedicó a su hijo, pensé que así debe ser la muerte para una persona que tiene a Dios como Padre, y ella se siente pequeña, lo mismo que un niño, necesitada de todo. La canción nos habla de un padre que tiene en sus brazos a su hijo mientras le cuenta cuentos.

“[…] por haberte tomado el jarabe que sabe tan mal, por haber ordenado tus cosas, por haber aprendido a rezar, por haber regalado a María ese coche que tanto querías, hoy te voy a contar otro cuento que te gustará […]. Y el niño se duerme escuchando ese cuento, y el padre comenta: Te quiero”.

Todo por cosas muy pequeñas.

A Dios le podemos demostrar nuestro cariño con cosas muy pequeñas, siempre que las hagamos por amor. Cuando leía las cosas que los grandes santos pedían a Dios, como” Señor, padecer o morir”, siempre pensaba que yo no era capaz de pedirle esas cosas, porque me daban miedo. Ellos eran fuertes, pero yo no. Por eso, cuando descubrí que con las cosas pequeñas podemos luchar para alcanzar la gran meta que es el Cielo, me llené de esperanza.

La delicadeza en nuestra vida de piedad, la puntualidad es un buen detalle; la ayuda al que lo necesita, la sonrisa que anima, el trabajo que acabamos cuando estamos cansados, etc., son cosas pequeñas pero que si las hacemos por Dios se llenan de valor.

Mi otro gran descubrimiento fue que, con el trabajo hecho por Dios y para Dios, también podemos alcanzar el Cielo; no solo para nosotros, sino para todas las personas a las que queremos y para todo el mundo. Es una maravilla pensar que nuestro trabajo, sea el que sea, si es honrado nos sirve para santificarnos nosotros y santificar a los demás.

No debemos olvidar que, si de verdad queremos hacer de nuestro trabajo una ofrenda grata a Dios, nos conviene pedir ayuda al Espíritu Santo que es el mejor Maestro y al que, a veces, tenemos un poco olvidado. Con su ayuda me propuse vivir a diaria estas consideraciones, dándole una visión distinta al trabajo. Además, traté de ayudar a otras personas a descubrir esa nueva dimensión. Pues, lo que nos enriquece debemos compartirlo.

Como es de bien nacidos ser agradecidos, tengo que decir que estos dos descubrimientos de los que hablo, me llegaron a través de las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuya fiesta se celebra el día veintiséis de este mes de junio.

“Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”. Es el primero de los puntos del capítulo de “Cosas pequeñas” de Camino. Es un consejo que vale la pena seguir (cf. SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 813).

Su ofrecimiento de obras por la mañana nos puede ayudar también a empezar el día con una ilusión distinta. “Todos mis pensamientos, todas mis palabras y las obras todas de este día, te las ofrezco Señor, y mi vida entera, por amor”. Esto lo decía mientras hacía una cruz en la frente, otra en la boca y otra en el pecho. Estoy segura de que, si acudimos a su intercesión el día de su fiesta, no vamos a quedar defraudados.

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