PRIMERAS COMUNIONES

CORPUS CHRISTI

 Disfrutar de la fe

            Una señora de 29 años, había seguido muy de cerca la preparación de su hija para la primera comunión. Observó que la niña asistía contenta a la catequesis y ansiaba entusiasmada que llegase el día de Corpus. En un determinado momento, la madre consideró que debería ser coherente y acompañar a su niña, comulgando también ella con las debidas disposiciones.

            Desde su primera comunión se había abandonado y estaba sin confirmar. Después de asesorarse, compró un catecismo, lo estudió, asistió a unas charlas y recibió el sacramento de la Confirmación.

            A partir de entonces su vida cambió totalmente y explica las prácticas religiosas de la siguiente manera:

            -”La fe hay que disfrutarla. Antes me parecía algo imposible ir a misa todos los domingos, confesar los pecados a un sacerdote y rezar todos los días; ahora no considero los mandamientos como simples leyes y he pasado a disfrutar de la fe”.

            Indudablemente, la verdadera piedad, que consiste en una relación filial y amorosa con Dios y con la Santísima Virgen María, es fuente segura de honda alegría.

 La Comunión

             En la Sagrada Comunión se nos entrega el mismo Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre; misteriosamente escondido, pero deseoso de comunicarnos la vida divina. Cuando le recibimos en este sacramento, su Divinidad actúa en nuestra alma, mediante su Humanidad gloriosa, con una intensidad mayor que cuando estuvo aquí en la tierra.

Niños y niñas que harán la Primera Comunión el día de Corpus en San Bartolomé, con sus familiares.

            Los efectos que produce este pan vivo -Jesús- en nuestra alma, la Iglesia lo sintetiza en estas palabras: “Todo el efecto que la comida y la bebida material obran en cuanto a la vida del cuerpo, sustentando, reparando y deleitando, eso lo realiza este sacramento en cuanto a la vida espiritual”.

            En efecto, la Comunión sustenta la vida del alma de modo semejante a como el alimento corporal sustenta al cuerpo. Mantiene la vida de Dios en el alma, librándola de la tibieza; y ayuda a evitar el pecado mortal y a luchar eficazmente contra los pecados veniales.

            La Sagrada Eucaristía aumenta también la vida sobrenatural, la hace crecer y desarrollarse. Y, a la vez que sacia espiritualmente, da al alma más deseos de los bienes eternos: “Quienes me comen aún tendrán más hambre, y quienes beben de Mí aún tendrán sed” (Jn 6, 35).

            Por último, la gracia que recibimos en cada Comunión deleita a quien comulga bien dispuesto. Hace disfrutar de la fe. Entre todos los ejercicios y prácticas de piedad, ninguno hay cuya eficacia santificadora pueda compararse a la digna recepción de este sacramento. Pues todos los sacramentos se ordenan a la Sagrada Eucaristía.

Avelino Bouzón Gallego

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