PENTECOSTÉS, UNA GRAN FIESTA

El domingo de Resurrección, con la ilusión de la persona que espera un gran regalo, busqué en un calendario la fecha en la que este año celebraríamos el día de Pentecostés: 12 de Junio. He pensado muchas veces en la diferencia que hay entre la celebración de la Navidad y el día de Pentecostés, y siento pena.

En Navidad, porque recordamos la venida de Jesús a la tierra, se iluminan las calles, se celebran comidas y fiestas familiares, se intercambian regalos…, y, sin embargo, cuando llega el Espíritu Santo, que es Dios también, lo celebramos poco.

Hace ya muchos años, en mi vida profesional, me dediqué a la enseñanza. Un día un niño me llevó a clase una ramita de una planta que estaba tirada en la calle. Era verde y estaba un poco mustia. La pusimos en un vaso con agua, en una ventana para que recibiera la luz. Pasaron los días y la planta fue cambiando de aspecto. Sus hojas se volvieron de color rojizo con un contorno verde muy bien definido, empezó a crecer y se puso preciosa. Fue un cambio que toda la clase observó. Yo aproveché para decirles que el cambio, que habían realizado en la planta el agua y la luz, nos podía ayudar a comprender mejor lo que el Espíritu Santo hace en las almas: las pone fuertes y bonitas.

A los niños también les decía que Dios Padre nos creó un Paraíso, pero que el hombre con su desobediencia cerró la puerta; que Dios Hijo, Jesús, con su vida, pasión y muerte, la abrió de nuevo y podemos volver a entrar, pero como el camino es un poco difícil, y a veces no vemos, necesitamos una luz que nos guíe. Esa luz es el Espíritu Santo.

Esperando su venida, muchas personas hacen un “decenario,” es decir, durante diez días preparan de una manera especial su alma, deseando que Él realice en ellas algunos cambios. El mayor de todos lo realizó con la Virgen, pues siendo virgen la convirtió en Madre de Dios. A los apóstoles, de cobardes e indecisos, los convirtió en valientes y audaces. Los Santos son Santos porque Él los santificó. ¿Verdad que cuando pensamos en esto se nos llena el alma de esperanza pensando en lo que puede hacer en todos? Si queremos que haya cambios en nuestra vida, y en las personas que amamos, debemos acudir a Él, que todo lo puede. Este año el “decenario” empieza el 2 de Junio.

Para recibirle bien el día de Pentecostés, no debemos olvidar las palabras de Jesús el día de Jueves Santo; “Si me amáis, observaréis mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre, el Espíritu de la verdad” (Jn 14, 15-17). Recordándolas, nos prepararemos con una confesión más cuidada y contrita.

Le pediremos a la Virgen ayuda para recibir al Espíritu Santo, deseando de todo corazón que venga a nosotros y al mundo entero, ya que es “Señor y Dador de vida” .

Si a toda nuestra preparación del alma, unimos una comida especial, la fiesta empezará a parecerse un poquito a la Navidad.

 

Isabel Javier Terrón

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