CUARESMA, CAMINO HACIA LA PASCUA

CONVERSIÓN DEL CORAZÓN

            “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca. CONVERTÍOS Y CREED EN EL EVANGELIO” (Mc 1, 15).

Isabel Javier Terrón, profesora.

    

        Casi al comienzo del evangelio de san Marcos, nos encontramos estas palabras que son como el pórtico de este tiempo litúrgico, la cuaresma, tan propicio para que, en nosotros, se realice una auténtica conversión. Todos necesitamos convertirnos, pues el listón al que debemos llegar, la santidad, está muy alto: se nos pide que seamos perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto (cf. Mt 5, 48).

            Para que pueda haber un auténtico cambio, es imprescindible que nos examinemos con sinceridad, pidiéndole ayuda a Dios para vernos, no cómo nosotros nos vemos, sino como Él nos ve. Iremos descubriendo cosas que las podemos ir haciendo mejor, y, cuanto mejor las vayamos haciendo,  más felices seremos.

            Nuestro corazón es lo primero que se ha de convertir para amar más a Dios y a las personas, especialmente a aquéllas con las que convivimos.

            La conversión auténtica del corazón comienza con una preparada confesión que nos va disponiendo para la alegría del Domingo de Resurrección.

            Nunca profundizaremos bastante en la misericordia de Dios que se derrama sobre cada persona en el momento en que nos confesamos bien, sin rutina, con un profundo deseo de arrepentimiento por lo que no va como debiera en nuestra vida, para que el Señor nos perdone. Al hacer el examen conviene recordar los Mandamientos, las Obras de Misericordia, etc. para ir viendo cómo se ajustan nuestras obras a los deseos de Dios.

            Nuestra conversión también nos debe llevar a pensar en la Iglesia ¿Qué sentimos por ella? La verdad es que a veces nos olvidamos de que la formamos todos los bautizados. ¿Cómo cumplimos sus Mandamientos? La Cuaresma es un tiempo en el que el cuarto mandamiento de la Iglesia, “Ayunar y abstenerse de comer carne”  nos recuerda que debemos poner en nuestra vida un poco de penitencia, agradeciendo a Jesús todo el amor que nos demuestra con su pasión y muerte. ¡¡Qué poco se nos pide para todo lo que se nos da! Sería un buen propósito para este tiempo cuaresmal el estar pendientes de los días señalados y recordárselos a otras personas.

            Si nuestros deseos de conversión los ponemos en manos de san José, patrono de la Iglesia, y en las de la Virgen, con toda seguridad se harán realidad.

   Isabel Javier Terrón

 

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