EN EL AÑO NUEVO

Vive la misa dominical

Cuando el año termina se hace balance en muchos negocios para ver si los objetivos que se marcaron al principio se han hecho realidad, si hubo pérdidas o si al contrario ha sido un año en que la planificación que se hizo ha dado sus frutos.

Es bueno que nosotros también dediquemos un poco de atención a la empresa más importante de nuestra vida; la salvación de nuestra alma. Podemos preguntarnos: ¿cómo ha sido nuestra relación con Dios en el año que acaba?, ¿ la hemos mejorado o por el contrario nos hemos ido descuidando?

Como además de amar a Dios con todo nuestro corazón, hemos de amar al prójimo, también nos podemos preguntar sobre este tema. Tenemos que ser sinceros. Si nuestra valoración es positiva sentiremos la alegría de decir: Señor, con tu ayuda me acerqué más a ti. Enfatizamos el “con tu ayuda”, porque sin él nada podemos. Si, por el contrario, nuestra respuesta es negativa, nos damos cuenta de que el tiempo se nos ha ido y no hemos mejorado nada. Ante esta situación no podemos desanimarnos, sino que debemos considerar el año que empieza como un cuaderno de trescientas sesenta y cinco hojas que queremos escribir todos los días con Él.

De nuestras reflexiones deben salir unos propósitos firmes. Uno de ellos podrá ser el de cuidar más la misa del domingo, es decir, cumplir el tercer mandamiento de la ley de Dios.

Eligiendo este propósito satisfaremos los deseos de los últimos papas que nos piden que realmente santifiquemos ese día dedicándole a Dios un poquito de nuestro tiempo. La Santa Misa es una ocasión única para darle gracias y pedirle por las necesidades del prójimo y las nuestras.

¡Qué buena intención no dejar un solo domingo sin una misa entera! Además si nos esforzamos por ser puntuales, mucho mejor.

Tenemos que convencernos de que si los domingos no vamos a Misa, a Dios le queremos a nuestra manera, pero no como Él desea ser querido. En nuestra vida diaria, si a la familia y a los amigos les queremos “a nuestra manera” pero no como les gusta a ellos, ¿no estamos siendo egoístas?

Profundizando en esta idea, otro propósito que podemos hacer para el año entrante es que todos los domingos no nos conformemos con amarle individualmente, debemos rezar y pedir por todos los bautizados que tienen también que cumplir esa obligación y no lo hacen.

Podríamos repetir muchas veces la oración que el ángel enseñó a los niños en Fátima: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y amo. Os pido por los que no creen, no adoran, no esperan y no aman”.

Empezamos el año con la gran fiesta mariana de Santa María Madre de Dios. Pongamos todo el año en sus manos y veremos cómo Ella nos ayudará para ir conociendo y amando más a su Hijo.

Isabel Javier Terrón

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