SAN JOSÉ Y LA NAVIDAD

Isabel de Roura, in memóriam de Paco

 “Jesús, José y María asistidme en mi última agonía”… Muchos cristianos rezan a san José para alcanzar una buena muerte. Muchos menos son los que han descubierto que, no sólo es bueno acudir a su intercesión en el último momento, sino que, además, quien acude a él para que le ayude a bienvivir, no se sentirá nunca defraudado. Lo digo por propia experiencia.

  Llega la Navidad, calles y tiendas lo van anunciando. Eso está bien, pero es mucho más bonito que nuestro corazón también nos lo anuncie, y que lo vayamos adornando para celebrar la Navidad con una ilusión nueva. Lo conseguiremos estando muy unidos a san José. Aunque el Evangelio nos cuenta pocas cosas sobre él, podemos conocerle. Sabemos que se sintió angustiado cuando se dio cuenta de que María, su esposa, estaba en estado sin que él hubiese tenido parte. San José, confiando en ella, decide callar y no denunciarla. ¡Qué ejemplo nos da a todos. ¡Por eso se le llama justo!(Cf. Mt 1,19). Todas sus angustias se convirtieron en gozos con el sueño en el que un ángel le anuncia los planes que Dios tiene para él, y, desde ese mismo momento, su corazón, su mente y sus manos están preparados ya para servir al Niño que Dios ha puesto bajo su cuidado. Enseguida empezaría a trabajar preparando su cuna, mientras su cariño iba en aumento.

  Cuando los padres del Niño ya lo tienen todo dispuesto, deben dejarlo para ir a Belén a cumplir lo mandado por César Augusto. Podemos imaginar cómo se quedarían sorprendidos, pero este contratiempo, que ellos supieron llevar tan bien, nos enseña a aceptar la voluntad de Dios cuando no la entendemos. Llegan a Belén y no encuentran lugar en donde alojarse… ¡Pobre san José, qué mal lo pasaría! En su vida se entrelazan continuamente dolores y alegrías, como en la nuestra, y por eso nos comprende y siempre nos atiende. Hemos ido repasando su vida ayudados por el Evangelio, caldeando un poco el corazón.

  Ahora nos toca vivir la Navidad. Pondremos el Belén fijándonos un poco en que las figuras sean bonitas, eso ayuda, y miraremos muchas veces a los protagonistas -Jesús, María y José-, sin olvidar a los reyes, los pastores, la estrella, etc. De todos podemos aprender. Cantaremos villancicos, y también nuestro paladar lo celebrará, aunque lo más importante de todo es que, puesto que Él llega para salvarnos, le recibamos con el alma muy limpia. La Virgen y san José sí que se alegrarán de que le acojamos en nuestra “posada”.

Isabel Javier Terrón, viuda de Paco Roura Lenguas desde el 19 de octubre último, me envió este artículo con la siguiente aclaración: “Es nuestra gratitud a San José por la muerte de Paco. Espero que le sirva. Un saludo, Isabel”.

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