MES DE NOVIEMBRE

“Un sabio dice: «Dadme una palanca, un punto de apoyo, y levantaré el mundo». Lo que Arquímedes no pudo lograr, porque su petición no se dirigía a Dios, y porque, además, iba hecha desde un punto de vista material, lo hicieron los santos en toda su plenitud. El Todopoderoso les dio un punto de apoyo, ¡Él mismo!, ¡Él sólo!, y una palanca; la oración que quema con fuego de amor”. Estas palabras tan hermosas son de Santa Teresa del Niño Jesús y las podemos encontrar en “Historia de un alma”, su autobiografía.
Siempre que escribo lo hago movida por una ilusión muy grande de ayudar y de dar algo de lo que Dios me da, y le pido que, por lo menos, una persona escriba alguna de esas líneas en su propio corazón y lo incorpore a su vida.
Oración… Nada podemos lograr cara a Dios sin una auténtica oración. Santa Teresa de Jesús, la maestra, la de Ávila, decía que orar es hablar con quien sabemos que nos ama. ¿No es normal que si amamos a alguien estemos en comunicación con él? Hablamos para decirle lo que nos pasa, para consultarle, para pedirle…, para todo.
Si estamos convencidos de que Dios nos ama con un amor irrepetible porque, como decía Juan Pablo II, para Dios somos únicos, pues eternamente hemos sido ideados, eternamente elegidos y eternamente amados, ¡cómo no vamos a hablar con Él! A Aquél que desde siempre nos ama, ¿no vamos a darle las gracias? Si oración es hablar con Dios, debemos esforzarnos por hacerlo bien y, como pasa en nuestra vida cotidiana, unas veces estaremos tranquilamente sentados hablando y, otras veces, haciendo cosas. Lo dice Jesús bien claro cuando nos recomienda que recemos siempre.
Llega Noviembre, un mes en el que nuestra Madre, la Iglesia, nos recomienda una oración especial por todos los que ya nos han dejado.
La oración por los difuntos, por todos, y no sólo por los nuestros, llega a Dios rápidamente porque Él la espera. Todo padre desea que sus hijos se quieran, y no hay manera mejor de demostrar nuestro amor a los que ya no están con nosotros, que rezando por ellos y ofreciendo nuestro trabajo, lo que nos cuesta, lo que nos da pereza…, todo.
En estas fechas nos conviene recordar todas las indulgencias que concede la Iglesia para aplicar por los fieles difuntos. Me conforta, especialmente, el pensar que media hora de oración en la Iglesia o un rosario rezado también en la Iglesia, o en familia, tienen indulgencia plenaria.
No sé si te habrán ayudado estas reflexiones, espero que sí, como me sirven a mí, a la vez que pido: ¡Dios mío, por lo menos que un alma se acerque un poquito más a Ti!
Nunca olvidemos que somos eternamente amados, aunque no lo merecemos.

Isabel Javier
Viuda de Paco Roura

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