El Rosario y Juan Pablo II

Un profundo amor a la Virgen acompañó al papa Juan Pablo II toda su vida, sus escritos deberíamos tomarlos como se toma la herencia de una persona muy querida.

Una manifestación de ese amor, es la Carta Apostólica que escribió en el año 2002 sobre el Rosario: ROSARIUM VIRGINIS MARIAE , y que en este mes de Octubre, mes del Rosario, nos viene muy bien recordar. Me gusta leerla y releerla, porque en ella siempre encuentro algo nuevo que se me pasó desapercibido en alguna lectura anterior.

Quiero resumirla para todos aquellos que ya han descubierto el tesoro que es el Rosario, pero no han leído la Carta, y a los que ya lo hicieron invitarles a recordarla.

Una de las primeras cosas que nos dice Juan Pablo II es: ”Esta oración ha tenido un puesto muy importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes […]. El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo”.

También nos descubre que el Rosario es su oración predilecta.”¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”.

Virgen del Rosario. Talla del siglo XVII. Iglesia de S. Bartolomé

La verdad es que no se puede hacer mejor propaganda al Rosario. Una de las enseñanzas en las que más insiste es en que el Rosario es uno de los mejores medios de llegar, por la Virgen, a descubrir el rostro de Jesús que Ella tantas veces contempló.

Nos la pone como modelo: “María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras.

Guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Él, siguiendo al papa Pablo VI, llama al Rosario “el compendio del Evangelio” que nos invita a la contemplación de los momentos de la vida pública de Jesús y que nos sirven de LUZ en nuestro caminar. Por eso incorpora los misterios luminosos a los gozosos, dolorosos y gloriosos.

¡Qué misterios tan bonitos! Podemos decir que son los misterios que nos llevan a recordar los sacramentos, esos medios de recibir la Gracia que nos acercan a Dios.

El Bautismo de Jesús, que es el primer misterio luminoso, nos acerca a nuestro propio bautismo.

El segundo, las bodas de Caná, al Matrimonio. El tercero, el anuncio del reino de Dios, a la conversión. El cuarto, la Transfiguración a la Unción de los enfermos, pues es el sacramento que nos prepara para la contemplación de Dios, y, por último, la institución de la Eucaristía, que es el mejor de los regalos que nos dejó Cristo para permanecer siempre con nosotros. ¡Qué diferentes serán nuestras comuniones si en este misterio agradecemos la maravilla de tener presente a Jesús con nosotros!

Por último nos recomienda que recemos el Rosario en familia, por la paz  entre las naciones, y, a los padres, nos encarece que lo hagamos por nuestros hijos. ¿Verdad que es un tesoro esta carta? ¡Cómo deseo que sirva para recordar las enseñanzas de este papa tan querido Juan Pablo II! Desde el Cielo cuando nos vea rezar su oración predilecta dirá, “recordando” aquello que le decíamos ¡¡¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!!!, éstos sí que me quieren.

 

 

Isabel Javier

A Virxe do Rosario

As doas do Rosario son coma flores

nadas antre as espiñas dos nosos dóres.

Deixáinos, Virxen santa, nas mágoas nosas,

bicar esa diña croa de rosas.

Poema de Manuel Lago González. O bispo e poeta naceu en Tui (Randufe) no 1865, moreu en Santiago no 1925.

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